Cómo vivir esto, sin morir en el intento


La crianza es en tribu y ahora estamos educando en islas. Es dificilísimo, desafiante y amenazante. He gritado mucho más de lo que me gustaría, he garabateado a morir. Pero espero que mis hijos recuerden el esfuerzo por entregarles contención emocional, que creo enormemente más importante que los contenidos escolares.





Siento, que como chilenos, ya veníamos a medio morir saltando, y tratando de entender lo que habíamos vivido durante el estallido social. Comenzábamos a adaptarnos y a procesar todo lo ocurrido. Teníamos la intención viva de entender y querer cambios para nuestro país. Entendimos la desigualdad, por años sumergida bajo un agua turbia. Empezábamos un nuevo año, lleno de energías positivas, ganas de trabajar, de mejorar y de evolucionar como sociedad…¡Y ZAZ! como dice Mafalda, nos agarra una pandemia, que simplemente no vimos venir. Sonaba lejana, Chile es el fin del mundo, pero llegó a toda velocidad.


De un día para otro, nos vimos confinados. Los colegios se reinventaron en tiempo record y casi de forma instantánea comenzaron a llegar los contenidos en diversos formatos. Algunos colegios solo mandan tareas y fichas que hay que imprimir, otros han sido un poco más lúdicos y mandan un mix de videos, tareas y reuniones virtuales entre profesores y alumnos. El caso es que cayó sobre las madres y los padres esta nueva responsabilidad.


Muchos entendimos que dependían de nosotros los contenidos curriculares del año y nos estresamos a niveles paranormales. Entiendo, veo y valoro con todo mi corazón el esfuerzo que están haciendo los profesores y colegios para crear sus plataformas y llegar a sus alumnos de la mejor manera. Los aplaudo de pie. Pero yo simplemente no puedo hacer este trabajo. Y eso que soy educadora de párvulos. Puedo crear un horario donde cada uno se siente al frente del computador y haga lo que pueda durante una hora al día, pero no dependerá de mí que absorban los contenidos esperados por las bases curriculares. Yo repetí 5to básico, tuve y tengo déficit atencional, las tareas para mí eran el equivalente a la esclavitud, no creo que ahora vaya a cambiar mi visión, ni me convertiré en una institutriz.


Sí es altamente recomendable armarse y cumplir algún tipo de rutina que se adapte lo mejor posible a cada familia y edades de los que la componen. Ayuda levantarse de lunes a viernes a la misma hora. Ordenar cada uno su espacio y hacer la cama, esto coopera con el orden mental y para dividir el día. Ducharse y vestirse deben ser parte de la rutina de la mañana, aunque la tentación de quedarse en pijama es alta. Yo nunca he tenido un buzo ni nada parecido y ahora mi cuerpo me pide ese tipo de vestimenta cómoda y blandita. Vístanse como quieran, pero hagan un cambio de la ropa de dormir a la ropa del día.


El famoso teletrabajo, que también hemos debido incorporar de golpe como si hubiésemos hecho esto toda la vida, tiene cosas positivas, obvio, como el hecho de mantener algún tipo de continuidad laboral, pero conlleva también una millonada de desafíos, tales como, balancear trabajos de la casa, hijos llorando en medio de una conferencia telefónica, preparar almuerzo mientras redactamos un mail mentalmente, buscar un lugar de la casa con un fondo neutro para las reuniones por video, donde no se vea el desorden que tenemos.


Todo esto, comenzamos a hacerlo de un minuto a otro, y tenemos que poner cara de “hey, llevo haciendo esto desde siempre, y me manejo perfecto”, cuando en verdad es otra cosa más que muchos tuvimos que aprender y a la que nos debemos adaptar. Dejan de existir los horarios y tenemos que compatibilizar este teletrabajo con las otras tareas que tenemos como madres, padres, parejas, y dueños de casa.


Creo importante ponernos horarios de teletrabajo y a alguna hora del día, parar, como si saliéramos. Diseñar la jornada de teletrabajo y respetar los límites de los otros, que también están balanceando casa, niños, teletrabajo, miedos, incertidumbre.


Lo mismo para el fin de semana. Creo indispensable marcar la diferencia. No pueden ser todos estos días idénticos, tipo día de la marmota. El teletrabajo debiera parar el viernes. El sábado y domingo las rutinas podrían ser un poco diferentes, para que se sienta un cambio. Reposar un poco, por que no por estar en casa estamos descansando. Con niños y familias es triple trabajo full time, sin escape, sin descanso, sin tregua. Quizás sea bueno encontrar, aunque sea encerrándose en el baño, un tiempo de solitud donde dejemos de estar al servicio de otros, a ser convocados para servir un vaso de agua, a separar una pelea de hermanos, a pelar un plátano, a encontrar el zapato perdido o a lavar todo lo que quedó del almuerzo. Esto corre para adultos y también para niños. Ellos también han tenido que adaptarse de sobremanera a esta nueva vida. A estar escuchándonos tiempo completo. No ven a sus amigos, y no pueden salir. Sé que ellos pueden ser fuente de contagio, pero me impacta que existan permisos para pasear perros, ¡y no niños! Démosle créditos también en este nuevo vivir.


La crianza es en tribu y ahora estamos educando en islas. Es dificilísimo, desafiante y amenazante. He gritado mucho más de lo que me gustaría, he garabateado a morir, si hay algo que mis hijos van a recordar de este tiempo, son mis garabatos. Pero espero recuerden también el esfuerzo por entregarles contención emocional, que creo enormemente más importante que los contenidos escolares. Espero que se acuerden de todo lo que les he leído y todo lo que les he cocinado.


Porque lo que más me importa de sobrevivir a este tiempo, es la salud mental familiar. La de mis hijos y la de los adultos a su alrededor. ¿Cómo la cuidamos y resguardamos? Creo que partiendo por ser empáticos y compasivos con nosotros mismos. Esto fue de golpe y requiere adaptación. Estamos tratando de normalizar una situación completamente anormal. Que los niños hagan guías, que los adultos teletrabajemos y que hagamos como que nada está pasando. Todo está pasando y esta normalización no nos deja reconocerlo. Nadie tiene muy claro qué hacer, ni cómo seguir, por lo que queda vivir el día a día, quizás sea esta nuestra mejor lección.



Columna de María José Buttazzoni, fundadora del jardín infantil Ombú para Revista Capital, publicada el 6 de Abril de 2020

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